Jesse Owens: cuatro oros y una amistad que desafió al nazismo

En Berlín 1936, Jesse Owens, un joven afroamericano, ganó cuatro oros olímpicos y desafió la ideología nazi de Hitler. Con la ayuda de su rival alemán, Luz Long, demostró que el deporte puede derribar barreras raciales y convertirse en un símbolo eterno de igualdad, valentía y amistad.

Erick Galvez
6 Min de lectura
Berlín 1936: el día que Hitler perdió / EFE

 

En el verano de 1936, Berlín no solo fue el centro del deporte mundial. También fue el escenario donde un joven afroamericano de 22 años llamado Jesse Owens humilló la ideología racista del régimen nazi. Frente a miles de espectadores y bajo la mirada de Adolf Hitler, Owens conquistó cuatro medallas de oro en una gesta que trascendió el atletismo para convertirse en un símbolo de igualdad y resistencia.

Un niño del sur marcado por la segregación

James Cleveland Owens nació el 12 de septiembre de 1913 en Oakville, Alabama. Nieto de esclavos e hijo de aparceros, creció en un Estados Unidos profundamente dividido por el racismo. Durante su infancia, su familia se unió a la Gran Migración Negra hacia el norte industrial, instalándose en Cleveland, Ohio.

Fue en la escuela donde nació el nombre “Jesse”, fruto de un malentendido: al decir “J.C.”, su maestra entendió “Jesse” y lo registró así. El apodo se convirtió en parte de su identidad deportiva.

Desde sus primeros años escolares, Owens destacó por su velocidad y talento natural para el salto. En la Universidad Estatal de Ohio, comenzó a forjarse como uno de los mejores atletas de su generación.

Un salto para la eternidad
Un salto para la eternidad / EFE

Ann Arbor 1935: la jornada perfecta

El 25 de mayo de 1935, en Ann Arbor, Michigan, Owens vivió una jornada que marcó para siempre la historia del atletismo. En apenas 45 minutos, rompió tres récords mundiales y empató un cuarto. Entre esas marcas estaba un salto de longitud de 8,13 metros que resistiría por un cuarto de siglo. La prensa lo bautizó como el “Buckeye Bullet”.

Este día histórico fue la antesala de su participación en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, un evento que el régimen nazi pretendía usar como escaparate propagandístico.

Berlín 1936: el choque entre deporte e ideología

Hitler había concebido los Juegos Olímpicos como una demostración de la supremacía de la “raza aria”. La ciudad fue renovada, se ocultaron los signos más evidentes del antisemitismo y se organizó un espectáculo pensado para impresionar al mundo.

Pero sobre la pista, la narrativa nazi se derrumbó. Owens ganó el oro en 100 metros, 200 metros, salto de longitud y relevo 4×100 metros, estableciendo marcas impresionantes y acaparando la atención internacional.

La carrera que derribó el mito ario
La carrera que derribó el mito ario / EFE

El día que un alemán ayudó a su rival

El momento más humano y sorprendente ocurrió el 4 de agosto de 1936, durante las eliminatorias del salto de longitud. Owens había cometido dos saltos nulos y estaba al borde de la eliminación. Fue entonces cuando Carl Ludwig “Luz” Long, el principal competidor alemán y prototipo del ideal ario, se le acercó para aconsejarle que iniciara su carrera unos centímetros antes de la tabla para asegurar un salto válido.

Owens siguió el consejo, se clasificó y, más tarde, superó a Long en la final con un salto de 8,06 metros. Long obtuvo la plata, pero fue el primero en felicitarlo, caminando junto a él por el estadio en una imagen que rompía con el guion propagandístico nazi. Aquel gesto selló una amistad que duró hasta que Long murió en la Segunda Guerra Mundial.

Owens humilla al nazismo con cuatro oros
Owens humilla al nazismo con cuatro oros / EFE

El incómodo papel de Hitler

La relación entre Owens y Hitler ha sido objeto de debate. Algunas versiones aseguran que el dictador se negó a saludarlo por ser negro y por derrotar a sus atletas. Otros sostienen que el protocolo olímpico impidió que saludara personalmente a todos los competidores. Lo cierto es que la imagen de Owens triunfando en Berlín bajo la mirada del Führer se convirtió en una de las estampas más icónicas del siglo XX.

Regreso sin honores a casa

Pese a su gesta, Owens volvió a un Estados Unidos todavía marcado por la segregación. No recibió una invitación a la Casa Blanca ni fue homenajeado oficialmente. Para sobrevivir económicamente, tuvo que aceptar trabajos modestos, desde correr en espectáculos para el público hasta trabajar en una gasolinera.

Sin embargo, Owens nunca se quejó amargamente. En sus memorias afirmó que en Berlín había sentido más respeto de parte de los alemanes que el que recibía en su propio país.

Owens y Long, amistad en tiempos oscuros
Owens y Long, amistad en tiempos oscuros / EFE

Un legado que trasciende el deporte

Jesse Owens murió el 31 de marzo de 1980, a los 66 años, víctima de cáncer de pulmón. Décadas después, recibió reconocimientos como la Medalla Presidencial de la Libertad y la Medalla de Oro del Congreso, premios que intentaron saldar una deuda histórica.

Su historia sigue siendo una inspiración para atletas y defensores de los derechos humanos. Owens no solo corrió más rápido que sus rivales: también superó las barreras del racismo y la política, dejando claro que la grandeza no se mide por el color de la piel, sino por el carácter y la determinación.

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